viernes, 23 de noviembre de 2012

Día de lluvia y tristeza.

Un día de lluvia, de esos en los que el agua golpea débilmente el cristal de tu ventana. Un rostro con semblante triste se asoma por ésta, deseando que la lluvia o pare o golpee más fuerte la ventana, propiciando un sonido extrañamente tranquilizador. No tiene ganas de nada, no refleja sentimiento alguno su rostro pues los problemas le han mellado la moral. El móvil comienza a vibrar y al poco tiempo una canción aparentemente tranquila suena como consecuencia de una llamada entrante. Shadow of the Day de Linkin Park. El chico se mueve lentamente hacia el móvil para responder a la llamada sin ánimo, como desesperanzado. Tras un par de minutos como mucho hablando cuelga, se tira en la cama sin dejar de mirar a la ventana. La lluvia ha amainado y en cuestión de segundos escampa, escuchándose el ruido de algunos coches de la calle pasando por allí, como consecuencia de la salida de algunas personas de sus casas en dirección a algún sitio tras el cese de la tormenta. Al cabo de un largo rato el chico mira la hora, las 16:15, debe ponerse en marcha y salir de casa, que había quedado aunque no le apetecía nada moverse de allí, el día era perfecto para permanecer en casa con una bebida caliente, una manta y con la música bien fuerte deleitando los oídos. Se viste para salir y se coloca los cascos como costumbre cada vez que va a salir de casa.

  Cuando sale a casa la madre le recuerda que no olvide el paraguas, él sigue adelante olvidándose a posta el paraguas. Sabe de sobra que no se dirige a ningún sitio alegre, que el día será todavía peor conforme avance pues lleva una idea en la cabeza, alejarse de todo, romper con su pareja, alejarse del mundo debido al daño que le ocasiona.
 
  El chico toma el autobús dirección a la capital pues él es de un pueblo ni demasiado cerca ni tan lejos de dicha ciudad (la capital). Al subir se coloca como de costumbre, al fondo del autobús, la música en los auriculares al máximo intentando callar sus temores, sus pensamientos... Sus sentimientos. Debe hacer lo correcto, ella juega con él, ella le hace sufrir, le hace dudar y lo peor de todo, no le hace feliz. Todo el camino lo pasa intentando mantener la cabeza despejada, soñando con un milagro, con un cambio que sabe jamás de dará, con una nueva oportunidad de la relación con su chica perfecta, con sus mismos gustos, sus aficiones... Si existe esa media naranja que dicen, es ella.

  Baja del bus nada más llegar. Nervios y un gran suspiro nada más poner los pies en el suelo, su alma le asfixia, el corazón se le acelera. El pulso le va a hacer estallar mientras que los pensamientos, las emociones, todo lo que le atormenta en la cabeza le van a hacer explotar, le hacen olvidar el propósito de la llegada a la capital. Camina indeciso y casi hundido hacia el lugar de destino, el mismo parque donde todo empezó. ¿Por qué le dijo de quedar en aquel lugar a la chica? Porque allí empezó todo, si seguía existiendo algún rayo fugaz de esperanza, solo se daría en este sitio al recordar aquel día, aquel precioso y bello día en el que la besó, podría haberla besado mucho antes, podría haberlo hecho ese día cuando se declaró pero se lo prometió a su mejor amiga, daría tiempo, no atosigaría a la chica, de hecho casi era recomendable no haberse declarado pues era también el día que se conocieron en persona... Pero era inevitable, desde que vio su cara supo que debía ser suyo, que él le pertenecía a ella y debía hacérselo saber.

  Al cabo de un rato, a eso de las 17:30, la chica se deja ver a lo lejos, en la entrada del parque y él anda lentamente hacia ella, saludándola extraño. Siempre le daba un tierno beso abrazándola pero hoy... Hoy ambos sabían que ese no era un saludo, el saludo de hoy era un abrazo con un beso en la mejilla, ambos sabían qué pasaría. El chico le comenta que quería hablar con ella de algo serio, aunque estaba claro por todos los gestos y reacciones entre el uno y el otro. Esto supondría al menos un punto, ¿a parte o final? Dudo que ellos quisieran hacerse daño, pero ambos pensaban en lo malo, en el punto final al menos de la relación amorosa. El chico le dice de sentarse en el banco, el banco donde se sentaron aquel primer día y donde tras la llamada de la madre a la chica, diciéndole que volviera ya a casa, el chico no podía despedirse de ella sin besarla, ya se había declarado y era más que obvio que ella sentía al menos algo parecido ya que ella se quedó esperando la reacción del chico, que quedó medio paralizado pues hizo la promesa de no besarla. La única promesa que llegó a romper el chico en su vida (al menos hasta hoy, que escribo estas líneas sobre él). Volviendo al "presente", los dos estaban nerviosos, esperando que la conversación se iniciara y deseosos de saber qué pasaría para acabar la agonía de la espera, ambos necesitaban saber cómo terminaba todo, si bien o mal.

  El chico al final decidió hablar pero sin poder mirarla, apoderado por el sentimiento de la derrota, el dolor del abandono sufrido por ella, ya que empezó a dejarlo de lado y a quitarle importancia a la relación de ambos. El chico suspira tras preguntarle qué le pasa a la chica. Ésta se toma su tiempo, como unos 30 segundos o algo más para responder con un "No sé". Una punzada recorre el cuerpo del chico de un costado a otro, como una flecha imaginaria que destroza todo lo que pilla en el recorrido por su cuerpo, provocándole daños internos no curables.

 Vuelve a intentar encontrar una respuesta a las miles de preguntas que le recorren la mente, sobretodo ahora que una tan "fácil" ha sido respondida mal, él no estaba para andar rogando ni para ir sonsacándole cosas cuando ya lo había intentado tantas veces días atrás. Le pregunta que si hay otro chico y ella, con tranquilidad y rapidez responde que no, que no es nada de eso. Un poco de tranquilidad a pinceladas aparecen en su interior, si no hay otro puede que se pueda solucionar, aunque necesita saber qué pasa. Vuelve a preguntar ya que la chica no dice nada, solo responde o lo intenta. Esta vez le pregunta que si está así por los estudios, por la familia, por los nuevos amigos o algo así, ella dice que no, que no pasa nada. De nuevo nervios, no pasa nada con lo demás así que entonces debería de tratarse de un problema de él. Los sentimientos se apoderan de éste haciéndole una pregunta tal vez demasiado importante para hacerla tan rápido, tan de repente. Le pregunta qué son él y y ella... Asombroso, la chica dice que no lo sabe. El chico deja de tener vida, la esperanza muere, el amor se trasforma en un dolor-odio que casi le hacen derrumbarse y desahogar sus sentimientos allí, llorando.

  Su pareja perfecta, su media naranja por eso de ser iguales, no sabe qué son, no sabrá que siente al haber dicho eso y un nudo en la garganta se le forma al chico, una única pregunta se le asoma por la cabeza, mezcla de reproche por sus respuestas y parte de última esperanza, una respuesta negativa se transformaría en algo positivo para el chico ya que su pregunta es si la relación se ha roto, directamente pregunta: "¿Entonces hemos roto no?" con la esperanza de que mantenga su racha de respuestas negativas y ello signifique algo bueno para él, para los dos. La respuesta de la chica es... "No... Lo sé". Ataque de locura, el chico no puede creerlo se siente usado, como un pañuelo en el que se ha limpiado tras llorar y luego lo tiran, como un juguete el cual maltratan jugando, por diversión y tras haberle hecho sufrir lo tiran al baúl del olvido. El chico está muerto, responde sin dudarlo al escucharla. "No sé no, esta relación ha muerto, esto ha dejado de ser algo" dice más o menos a los cinco segundos de la respuesta de la chica, levantándose del banco, con los ojos inundados por lágrimas pero sin dejarlas escapar. La chica llora, llora pidiéndole perdón por haberle hecho esto, que ella no quería hacerle sufrir, que ella no ha podido remediar lo que ha pasado, que le perdone porque nunca se le había pasado por la cabeza hacerle semejante daño, ya que ella sabe que él la ama. Más de lo que nadie la ha amado al menos hasta el momento, ya que el chico cuando ama es de verdad, no como la mayoría de jóvenes de hoy día que solo se encaprichan, porque su relación se había jodido pero no por falta de amor por su parte, sino al revés. Él aprieta los ojos y consigue esconder las lágrimas, ella no merece verlo llorar. Niega con la cabeza diciéndole que no pasa nada que al menos espera ser su amigo y ella asiente dicienndo que eso sin duda, que no le negaría su amistad porque le quiere mucho aunque ya no sienta lo mismo.

  Se abrazan, el por amor, ella por arrepentimiento. No quiere soltarla, no quiere dejarla irse pero sabe que ella se va dentro de poco con su padre de viaje, no puede detenerla mucho más ya que ella le ha hecho el favor de quedar para hablar un momento. La besa en la frente, la vuelve a abrazar como si no existiera el mañana y cierra los ojos, disfrutando de su olor, de su tacto, de su compañía una última vez pues él sabía que una vez acabada la relación, la amistad sería a distancia y nunca volverían a quedar a solas, ella no lo aceptaría porque él la ama. Ella se despide con una pequeña sonrisa y un "Lo siento..." seguido del nombre del chico. Se gira y baja las escaleras hacia el metro; a él le queda como quince minutos para que llegue su autobús para volver a casa. Corre desesperado al banco, como si allí ella le estuviera esperando de nuevo para arreglarlo y volver a estar juntos, viendo finalmente que allí no hay nadie. Se sienta y se lleva las manos a la cara notándose entre los dedos como las lágrimas brotan, sin pronunciar llanto alguno, brotan como cascadas en busca de la linde del río donde caen con fuerza. Las lágrimas caen por millares, por millones y seguramente billones, caen descontroladamente e inevitablemente por el rostro del chico. Golpea el banco, le pega patadas mientras insulta sin objetivo, solo por desahogo. Acaba soltando un grito que sería capaz de escuchar la chica hasta estando en el metro. Una mano le duele pero pronto estará el autobús así que camina intentando ahogar las lágrimas, encontrándose con un árbol y golpeándolo hasta hacer sangrar sus nudillos. Coge su gorro, de estos de lana y se limpia los nudillos además de usarlo como pañuelo para secar las lágrimas. Llega a la parada y consigue aparentar normalidad. Sube en el bus cuando llega y marcha hacia casa volviendo a ahogarse entre gotas de agua saladas, deseando no haber existido y desaparecer para no sentir este dolor al que nunca se hubiera hecho a la idea, este dolor que se llama amor distorsionado, amor intoxicado, amor roto, amor humillante y amor asfixiante. La única luz cercana es una amiga, esa amiga que en el fondo se alegra de que lo dejara con su novia... Motivos representados más adelante.